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El poder de reemplazar creencias negativas por positivas

Creo firmemente en que todos tenemos en nosotros la herramienta más poderosa del mundo y muchos ni siquiera lo saben: la mente. ¿Has escuchado que los humanos solo usamos como el 10% de nuestra capacidad mental? ¿Te has puesto a pensar en qué hay detrás de ese otro 90%? Obviamente, es imposible imaginarnos todos los poderes que la mente esconde, pero yo sí te puedo decir uno que no mucha gente usa por no conocerlo o por no creer en él: el poder de manifestar.

Es un poco difícil entender el poder de manifestar si lo piensas como, simplemente, algo que piensa o dice un cuerpo físico esperando que se vuelva realidad. Para mí, la clave está en verlo desde una perspectiva mucho más abstracta y, por ende, profunda. Piensa que absolutamente todo lo que somos y todo lo que nos rodea es energía; todo lo que pensamos, decimos y sentimos también está cargado con cierta vibración. Si constantemente estás pensando en que algo no va a salir bien o te va a hacer mal, imagina qué tipo de energía estás depositando en cada una de las acciones que haces para conseguirlo. Un ejemplo muy claro para mí es la comida: si estás comiendo algo con culpa, antes de siquiera comerlo, ya estás cargando tu bocado con la peor vibra posible, por lo que no debería sorprender si, después, te cae mal al estómago, le pierdes el gusto, te hace sentir mal emocionalmente o lo que sea.

Dicho esto, quiero recomendarte que te hagas el hábito de reemplazar tus creencias negativas por positivas para poder manifestar la vida que quieres. Por ejemplo, en vez de enfocar tu energía en la narrativa de que nunca conseguirás trabajo, desde que despiertas, comienza a pensar y decir que cada cosa que hagas el día de hoy te acercará más a conseguir el trabajo de tus sueños; en vez de repetirte que el amor no existe para ti y que nunca tendrás una pareja, concéntrate en transmitirle al universo la idea de que la persona indicada para ti sí existe y llegará en el momento más perfecto. Si la mente es tan inimaginablemente poderosa, ¿quién dice que no podemos manifestar nuestro propio destino?

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