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Las tres claves para educar a un hijo independiente y feliz

No existe instructivo para ser mamá; nadie nunca está lo suficientemente lista para serlo. Mi caso no es diferente, no soy ninguna experta, pero la gran ventaja que yo he tenido es que, genuinamente, mis hijos son lo MÁS importante en mi vida, y pienso que el amor siempre le va a ganar a la perfección. Por el simple hecho de que mi rol principal en la vida es ser mamá, hoy quisiera compartir contigo tres puntos que me parecen clave para desempeñarte de la manera más óptima en esta posición y fomentar que tus hijos crezcan siendo lo más independientes y felices posible:

Primero que nada, tú tienes que ser feliz e independiente. Al decir “independiente”, no me refiero a que, forzosamente, debas ser la proveedora de tus hijos, sino a que debes ser libre por dentro: tus opiniones, tus gustos, tus decisiones, tus motivaciones… para poder ser la mejor mamá posible, primero debes poder ser TÚ. Tus hijos no necesitan una mamá perfecta, necesitan una mamá feliz. Ellos son un reflejo de lo que les transmites, por lo que no hay mejor método de crianza que el ejemplo; y no solo me refiero a la armonía propia, sino también a la armonía del hogar: si tus hijos crecen en un ambiente de amor, felicidad y seguridad, ellos lo verán, lo sentirán, lo asimilarán y, después, lo repetirán.

Enséñales a tener hábitos saludables a través de la exploración de sus habilidades y talentos. Muchas veces, al principio, pueden ser renuentes a nuevas actividades que, como mamás, queremos inculcarles (tocar un instrumento, hacer un deporte, aprender otro idioma…), pero el lograr hacer esto se divide en dos puntos: 1. El tener la disposición para encontrar algo juntos que, en verdad, les pueda interesar; 2. Enseñarles que la constancia es clave y lo que se empieza se termina. Llenarlos de hábitos que los hagan crecer emocional e intelectualmente no solo les da herramientas para el futuro, sino que los hace tener una infancia mucho más plena y feliz al explotar su potencial.

Escucha, escucha, escucha. Si algo he aprendido que es esencial para formar un vínculo saludable madre-hijo(a) es el dejarlos hablar, poner atención y nunca juzgarlos. Darle importancia a lo que piensan, sienten, necesitan y quieren es igual de importante que darles de comer. Poder formar una relación de confianza tiene beneficio triple: les enseñas que pueden contar contigo cuando sea, donde sea y por lo que sea; les refuerzas la creencia de que su voz es tan importante como la de cualquier otra persona; y abres la puerta a conocer más a profundidad quiénes son como individuos: cómo reaccionan, cómo sueñan, cómo planean, cómo se relacionan… La clave es deslindarte de la idea de que tus hijos son una extensión de ti, y empezar a entender que son personas únicas e irrepetibles que merecen poder expresarse libremente con la persona más cercana a ellos: tú.

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