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Todo está en la perspectiva: parte 2

Si hay tantas cosas que están fuera de nuestro control, entonces, por lo menos, debemos procurar que los ojos con los que las vemos sean los correctos. Una situación es lo que es (siempre), pero puede ser perjudicial, nutritiva o neutra dependiendo de cómo decidas abordarla. Tienes mucho más control del que crees, solo es cuestión de concientizarlo. Esta semana, compartí contigo dos de los cuatro cambios de perspectiva que me parecen clave para retomar las riendas de tu vida; hoy, te comparto los otros dos (inspirados por @the.holistic.psychologist):

En lugar de pensar “Yo debería estar donde ellos están”, piensa “Estoy exactamente donde necesito estar en mi propia travesía”. No solo se trata de que cada quien marcha al ritmo de su propio tambor (lo cual es muy cierto y válido), sino que también se trata de que el camino de cada quien es completamente único e inigualable, por lo que comparar tu paradero actual con el de alguien más no tiene ningún sentido. Piénsalo así: si tuvieras un genio mágico y le pidieras que te pusiera donde quieres estar, sin tener que atravesar los obstáculos ni recolectar las enseñanzas del camino, no sabrías qué hacer cuando aparezcas ahí. Ser paciente y dedicada brinda frutos, siempre y cuando sepas reconocer que todo progreso es positivo y que el camino, muchas veces, es más importante que el destino.

En lugar de pensar “Me hicieron daño”, piensa “Se hicieron daño a sí mismos”. La gente hace cosas, a veces buenas y a veces malas, pero tú escoges si TE las hacen. Absolutamente nadie tiene el poder de afectarte si tú no se los permites. ¿Por qué alguien lleno de negatividad es más poderoso que tú? Todo lo que alguien dice y hace es un mero reflejo de su mente y alma. Si sientes mala energía de parte de alguien, no te pongas en la posición de recibirla, no te pertenece; es un daño que la otra persona debe reparar en sí misma. Al entender esto, podrás darte cuenta del tipo de intenciones que tienen las personas con las que te rodeas, y ahora quedará en tus manos hacer dos cosas: 1. esperar que, un día de estos, puedan sanar; 2. alejarte, porque, aunque ya decidiste que nadie te puede quitar nada sin tu permiso, tampoco debes quedarte donde no te aporten.

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