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No se trata de sobrevivir, se trata de vivir

Los últimos días, he estado reflexionando muchísimo sobre cómo la vida cambia dependiendo de cómo escojas verla y vivirla. Yo, por ejemplo, puedo decir que noté un cambio radical cuando, hace dos o tres años, tomé la decisión de cambiar mi objetivo y camino de vida, tanto por mí como por mis hijos. Me acuerdo perfecto que un día me puse a pensar en cómo mi vida circulaba alrededor de trabajar todo el tiempo para generar y poder tener cierta estabilidad económica, y cómo yo escogía cada mañana seguir esa rutina sin cuestionarla, pero cada vez que me tomaba unas vacaciones y me iba a la playa a navegar, me inundaba una sensación de que lo merecía muchísimo… pensaba “ojalá esta fuera mi vida de siempre”. Después de eso, me puse a pensar que ese momento, para mí, era de inmensa paz, pero para la persona que me lleva en el velero era un día más de trabajo y rutina; él y yo teníamos en común el trabajar la gran mayoría del tiempo, pero él con el 10% de lo que uno gasta en la ciudad todos los días y yo con la posibilidad de escaparme un rato para vacacionar y desconectarme. Esta idea, esta comparación entre un desconocido y yo, fue lo que me hizo abrir los ojos y replantear mis prioridades.

Me di cuenta que tenemos este afán todo el tiempo de hacer mil cosas y trabajar muchísimo para, eventualmente, lograr vivir en calma, comprar una casa en la playa, retirarte… lo que sea, pero todo siempre se hace para que ALGÚN DÍA tengas paz. En mi caso, mi vida y mi trabajo siempre se habían centrado en la ciudad, y creo que usaba eso como justificación para no irme a otro lado a disfrutar, pero cuando me di cuenta que prácticamente todo se puede hacer online, se me acabaron los pretextos y me fue inevitable pensar que era momento de tomar decisiones y hacer cambios. Si trabajo todo el tiempo para, un día, vivir como en las vacaciones, ¿por qué no hacer que ese día sea ahora? Claro que se tienen que hacer ajustes, pero todo se puede cuando ya tienes el chip de que trabajar y vivir tranquilamente son igual de importantes.

Hace dos o tres años, yo tomé la decisión de que todo lo que produjera iba a ser para acumular experiencias con mis hijos y conocer miles de lugares (principalmente en México). El ajuste que yo hice fue deshacerme del afán por comprar tantas cosas que, en el fondo, no necesito, y cambiar mi objetivo a que mis hijos crezcan habiendo vivido experiencias increíbles y conociendo tantas cosas y tantos lugares como sea posible. Dejar de sobrevivir y empezar a vivir… esa es la clave.

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