Foto de Jalil Saeidi en Unsplash
Hay días en los que no puedes más. Te sientes agotada, desmotivada, irritable… y lo primero que piensas es: “Estoy cansada”. Pero, ¿y si no es solo cansancio físico o mental? ¿Y si ese agotamiento que sientes viene de estar desconectada de ti?
Vivimos tan hacia afuera que a veces se nos olvida escucharnos. Seguimos rutinas automáticas, decimos que sí cuando queremos decir no, hacemos lo que se espera y no lo que realmente deseamos. Todo eso pesa. Todo eso agota. Y claro, el cuerpo empieza a gritar lo que el alma lleva tiempo susurrando: “te estás perdiendo de ti”.
Cuando estás desconectada de tu intuición, de tus verdaderas ganas, de tu esencia, todo empieza a sentirse más difícil. Pierdes claridad, energía, motivación. Y no importa cuánto duermas, cuántos cafés tomes o cuántas listas de pendientes logres tachar… nada se siente suficiente. Porque lo que estás buscando no es descanso, es reconexión.

Reconectarte contigo puede significar muchas cosas: volver a escribir, caminar sin rumbo, poner límites, llorar sin culpa, decir la verdad, abrazar tus deseos. Significa recordar qué te gusta, qué te mueve, qué te calma. Es volver a habitarte.
La próxima vez que digas “estoy cansada”, haz una pausa. Pregúntate si lo que necesitas es una siesta… o si en realidad estás necesitando volver a ti.
Porque el verdadero descanso no siempre está en dormir más, sino en despertar a quien realmente eres.