Foto de Ayo Ogunseinde en Unsplash
Si eres de las que se entrega a cada proyecto, ya sea en el trabajo, la familia, la pareja o la maternidad con todo lo que tiene es probable que seas admirada y apreciada por todos a tu alrededor. Pero, ¿es realmente tan beneficioso para ti como parece? En nuestra búsqueda constante de la excelencia, a veces olvidamos la importancia de encontrar un equilibrio saludable en nuestras vidas.
Ser percibida como alguien que lo da todo puede generar reconocimiento externo, pero ¿y tú? La psicóloga Angélica Barrero nos invita a cuestionar esta narrativa. “No, no hay que darlo todo siempre”, asegura en un artículo en Telva. No solo porque agota nuestras energías físicas y mentales, sino porque perpetúa el estereotipo de la “supermujer” dispuesta a abarcar más de lo que realmente le es posible.
Todo este discurso no hace más que reforzar un discurso que viene lastimandonos, sobre todo a nosotras las mujeres, desde hace mucho tiempo: la idea de que solo seremos queridas, valoradas o exitosas si nos entregamos al 100%. En todo. Siempre. “Si vives en un entorno de estos, te darás cuenta que a pesar de todos esos mensajes de positivismo tóxico no puedes con todo, pero todo el mundo está esperando que puedas, entonces te sientes mal porque piensas que el problema es tuyo. Resultado: una gran culpa.” afirma la especialista. Y además, anima a reflexionar sobre cuánto damos, cuándo lo hacemos y por qué sentimos la necesidad de hacerlo al máximo, pues a veces, dar un poco menos puede ser igual de efectivo para alcanzar nuestros objetivos.
Y no, no hablamos de ser egoístas ni poco generosas, ni mediocres, sino de reflexionar acerca de que “El ‘todo siempre’ no se justifica y tendríamos que cuestionarnos qué es ‘todo’ y en qué circunstancias”. Si ‘todo’ es dejarte a un lado para darle a otros, este no es el camino. Si solo hablamos de una gran parte, producto del esfuerzo, la generosidad, la empatía y la compasión, ahora el cuestionamiento sería cuándo y con qué frecuencia
La regla del 85%:
En “Effortless: make it easier to do what matters most” de Greg McKeown, el autor opina que perseguir el 100% es la razón del agotamiento que está matando a la sociedad en la vida laboral. En su lugar la regla del 85%, es mucho más efectiva. Esta se refiere a que cuando superamos esta cifra en el trabajo, puede que estemos tan cansados y faltos de concentración, que los errores tienden a multiplicarse y agravarse. Por eso, apoya la idea de practicar el arte de dar un poco menos, dar lo óptimo y no lo máximo, poner límites y saber parar es lo ideal.
¿Cómo hacerlo de manera equilibrada?
Eso no quiere decir que dejes de ser apasionada con lo que haces, solo debes saber hasta dónde, y “tiene que ver con nuestros valores. Tendremos que aplicar filtros y priorizar, escoger qué dejaremos temporalmente de lado y qué no. A veces, serán las relaciones sociales; otras veces, nuestros hobbies. También habrá que reorganizar nuestras actividades diarias, además de dosificar.” dice el especialista.
La idea es visibilizar que no somos perfectas y no tenemos por qué serlo, tanto como madres, como esposas y como mujeres, pues muchas veces nos enfrentamos al discurso de que debemos olvidarnos de nosotras mismas para lograr otras cosas pero la realidad es que es válido recuperar nuestra vida, sin la sensación de culpa y sin que eso signifique que somos descuidadas en cualquier otro ámbito importante de la vida.
3 consecuencias de darlo todo en tu cuerpo y mente:
Como todo, entregar nuestra energía al 100% a algo o alguien tiene sus consecuencias…
- Cansancio físico y mental: Si estás en este punto probablemente no tendrás energía para nada más. Estás en todo menos en ti misma, con la sensación de correr siempre, pero sin llegar ningún lugar.
- Pérdida del sentido de ti misma: ¿Dónde quedas tú en esta ecuación? Tu eres la protagonista, no lo olvides, cuando vuelcas toda tu energía fuera de ti, es posible que tengas sensación de vacío y de no saber quién eres.
- Repercusiones emocionales: Como trastornos depresivos, ansiedad, estrés o burnout, que se pueden acompañar de rupturas o cambios en las relaciones sociales, distanciamiento o aislamiento social. Y, por supuesto, dependencia emocional. Y a largo plazo, también puede generar consecuencias físicas.
7 consejos para tener equilibrio:
- Revisa tus valores y visión: Qué quieres, qué no quieres, qué espacio quieres que tenga en tu vida ese proyecto o persona, y qué tiempo quieres dedicarle.
- Analiza tus recursos: Si te vas a enfrentar a un nuevo proyecto, conviene que revises tus habilidades, para ver si tienes las que te piden; si no, valora si quieres dedicar tiempo y ganas a formarte en ellas.
- Busca tu red de apoyo: Pueden ser amigos, familiares, profesionales o terapeutas, para que te den consejos y nuevas perspectivas para enfrentar las nuevas situaciones.
- Trabaja los límites: Aprende a decir que ‘no’; o, por lo menos, a decir ‘más tarde’. Distingue entre el ‘tengo que’ y el ‘quiero’.
- Haz una to-do-list diaria: Planifica tus tareas de manera realista.
- Conócete: Si entendemos cómo funcionamos, será más fácil establecer tus límites y transmitirlos a los demás.
- Establece tus red flags: A modo de ejemplo, pueden ser no superar la cantidad de energía o no recargarla; darlo todo para algo que va en contra de tus propios valores o principios o con lo que, simplemente, no estás de acuerdo; no tener en cuenta tus propias necesidades ni cuidar de ti; o, simplemente, no querer hacer algo (es tan válido como cualquier otro límite).



