El cuerpo como brújula emocional

Foto de Anastasia Vityukova en Unsplash

¿Te has sentido desconectada de tu cuerpo? ¿Lo has visto solo como algo que solo que tiene que verse bien, funcionar bien o resistir? ¿Pero no como un ser vivo que realmente está intentando decirte cosas y comunicarse contigo? Creo que nos pasa muchísimo.

Nos acostumbramos tanto a vivir desde la cabeza, desde el pensamiento, desde el análisis constante, que dejamos de notar que el cuerpo siempre está reaccionando antes que la mente. Muchísimo antes.

El cuerpo sabe cuando algo no se siente seguro. Sabe cuando un lugar te drena. Sabe cuando alguien te da paz o cuando algo te está tensando aunque todavía no quieras aceptarlo. Pero como vivimos tan distraídas, aprendemos a ignorarlo.

Ahora que he puesto singular atención a este hecho he empezado a notar cosas muy simples. Cómo ciertas conversaciones me cierran el pecho. Cómo algunos pensamientos hacían que automáticamente tensara los hombros. Cómo la ansiedad no empezaba en la mente, sino en el cuerpo. Y también lo contrario: cómo la calma se sentía expansiva físicamente, cómo ciertas decisiones me hacían respirar distinto, caminar distinto, sentirme ligera. Y ahí entendí algo que me cambió muchísimo: el cuerpo no solo reacciona a tu vida, también la guía.

Porque muchas veces la mente puede justificar absolutamente todo. Puede convencerte de quedarte donde ya no quieres estar, de seguir sosteniendo algo que ya te pesa, de ignorar lo que sientes. Pero el cuerpo no miente igual. El cuerpo se cansa. Se contrae. Se inflama. Se acelera. O se expande. Y cuando empiezas a observarlo más, empiezas también a conocerte muchísimo mejor.

Creo que por eso hoy me importa tanto cómo me siento físicamente en los espacios, con las personas y hasta conmigo misma. Ya no me interesa solamente si algo “tiene sentido” en teoría. También me importa qué pasa en mi cuerpo cuando estoy ahí.

También entendí que escuchar el cuerpo no significa vivir desde el miedo o la hipersensibilidad. Significa aprender a habitarte más conscientemente. Volverte más presente de tus propias señales.

Hay días donde mi cuerpo me pide silencio. Otros donde me pide movimiento. Otros donde me pide descanso, naturaleza o simplemente bajar el ritmo. Y antes probablemente hubiera ignorado todo eso por seguir funcionando. Hoy intento escucharlo más. Porque creo que el cuerpo no está aquí solo para llevarte de un lugar a otro. También está intentando acercarte a ti. Y mientras más lo escuchas, más difícil se vuelve traicionarte.

Share this post