Foto de Mathilde Langevin en Unsplash
Cuando un día despiertas y pones atención en todo lo que has hecho, sin juzgar si es malo o bueno, exitoso o no, simplemente observas la historia de tu vida y conectas los hilos de atrás hacia adelante, sabiendo que de igual modo los del futuro estarán conectados con tu presente, en medio de todos sus giros y vueltas y te das cuenta que existe un acto profundo, que trasciende las fronteras para moldear nuestro destino: el acto de elegir quiénes queremos ser. Es el acto de amor más profundo, una declaración de responsabilidad propia y también de valentía.
Cleo Wade, poeta, resume maravillosamente: “Es un profundo acto de amor elegir quién vas a ser en lugar de vivir en respuesta a lo que te ha sucedido y a quién te ha lastimado. Hacer de tu corazón tu responsabilidad divina.
Retarte a ti misma para que tu corazón sea lo más amable y ferozmente amoroso posible. Es un profundo acto de valentía compartir ese corazón con el mundo.”
Creo que cuando elegimos conscientemente el camino que deseamos recorrer, reclamamos nuestro poder y soberanía sobre nuestras propias vidas y no vivimos simplemente como una respuesta pasiva a las circunstancias externas sino con un compromiso activo con nuestro yo interno y nuestro SER superior.

Sí, requiere que miremos más allá de las memorias del pasado e imaginemos un futuro guiado por nuestras aspiraciones y propósitos más profundos. Es la decisión consciente de dejar de definirnos por nuestras heridas y más bien trascenderlas con gracia y resiliencia.
Ante la adversidad, es fácil sucumbir a la amargura o el resentimiento, permitiendo que lo que alguna vez dolió dicte nuestra realidad presente. Sin embargo, la verdadera esencia del amor radica en la capacidad de vivir en libertad, no sólo física sino mental y espiritual, elegir la compasión, el perdón y la bondad. Es un testimonio de la fuerza de tu espíritu para transformar el sufrimiento en sabiduría y gracia.
Cuando logras desapegarte de lo que ya no funciona ni hace más sentido con quien eres hoy. ¡QUE PAZ! ¡QUE SENSACIÓN DE CALMA cuando eres dueña de toda TU presencia! Cuando por fin pones tu energía en lo más elevado y empiezas a crear desde otro lugar. Hacer de nuestro corazón nuestra responsabilidad divina, nutrir nuestro ser más íntimo con ternura y cuidado, cultivando bondad, empatía y amor propio.

La verdadera valentía reside en compartir lo más profundo de nuestro corazón con el mundo, en permitir que nuestra vulnerabilidad se convierta en nuestra mayor fortaleza. Y en un mundo que vive por la división y la lucha, elegir quiénes queremos ser se convierte en un acto de amor revolucionario.