No sé si es curiosidad o intuición, pero hay algo en este tema que no me suelta. No es solo fascinación, es una especie de certeza incómoda de que lo que vemos no es todo lo que existe. Y no hablo desde teorías conspirativas ni desde querer probar algo. Hablo desde una pregunta que cada vez se vuelve más presente: ¿y si esto ya está mucho más avanzado de lo que creemos?
Sí, hay historias, hay videos, hay testimonios. Hay incluso objetos como la llamada esfera de Buga, de la que se dice que lleva miles de años en movimiento, algo que simplemente no encaja con la lógica que conocemos. Pero más allá de si eso es real o no, lo que realmente me interesa no es el objeto. Es lo que implica.
Hace poco tuve la oportunidad de estar en el Auditorio Nacional en un encuentro encabezado por Jaime Maussan, y la experiencia me encantó. Más allá de lo que cada quien decida creer, fue muy interesante ver cómo se plantea el tema, escuchar testimonios y sentir esa curiosidad colectiva en el aire. No era tanto una respuesta, era más bien una invitación a cuestionar.

Porque si en algún momento se confirmara que no estamos solos, que sí existe otro tipo de inteligencia, que incluso ya ha habido contacto… ¿qué pasaría? ¿Cómo reaccionaría el mundo? No en teoría, sino de verdad. ¿Entraríamos en pánico?
¿Se caería todo el sistema de creencias que hemos construido? ¿O simplemente seguiríamos con nuestra rutina como si nada? Y más importante todavía: ¿cómo reaccionarías tú?
Hay algo muy humano en pensar que estamos en control, que entendemos todo lo que necesitamos entender para vivir. Pero la posibilidad de que exista algo más grande, más avanzado o simplemente distinto, rompe por completo esa narrativa. Y eso puede dar miedo. Pero también puede ser profundamente liberador.
Porque de pronto te das cuenta de que no eres el centro de todo. Que hay algo más amplio, más complejo, más misterioso. Y en lugar de reducirte, eso puede expandirte. A mí, por ejemplo, no me provoca ansiedad. Me provoca curiosidad.
Me hace cuestionar la forma en la que vemos la vida, el tiempo, la conciencia. Me hace pensar que tal vez hay dimensiones que no entendemos, formas de existencia que no caben en nuestra lógica, y que eso no necesariamente es algo que tengamos que temer. Tal vez el verdadero cambio no sería el contacto en sí. Sería lo que ese contacto haría dentro de nosotros.

Cómo redefiniríamos lo importante. Cómo cambiaría nuestra idea de éxito, de propósito, de vida. Cómo nos relacionaríamos con el planeta, con los demás, con nosotros mismos. Porque cuando algo te obliga a ver más allá de lo conocido, ya no puedes volver a pensar igual. Y quizá por eso este tema me obsesiona tanto. No por lo que hay allá afuera, sino por lo que despierta aquí adentro.
Porque al final, más allá de si creemos o no, hay una pregunta que se queda contigo: ¿y si el mundo es mucho más grande de lo que te enseñaron… estarías lista para verlo?