La felicidad es la distancia que hay entre nuestra vida y nuestras expectativas

Foto de VIKTORIIA YUSKEVYCH en Unsplash

Dicen que la felicidad es la distancia entre nuestra vida y nuestras expectativas. Y si lo piensas, tiene mucho sentido. Cuanto más rígidas y exigentes sean nuestras expectativas, mayor será el riesgo de sentirnos frustradas cuando la realidad no las alcance. Pero, ¿y si hubiera una manera de tener grandes aspiraciones sin que estas nos roben la paz?

Pongamos un ejemplo: alguien que empieza a escribir con la idea de publicar en una gran editorial o ganar un premio importante, probablemente terminará decepcionado si eso no sucede pronto. En lugar de disfrutar el proceso, sentirá que todo lo que haga es insuficiente. Sin embargo, cuando entendemos que las expectativas pueden existir sin convertirse en una carga, es cuando realmente empezamos a ser felices.

Esperar que nuestra pareja, amigos o familiares actúen de cierta manera es una trampa común. Si no cumplen con nuestras expectativas, nos sentimos traicionadas o molestas. ¿Te ha pasado que te ofendes porque alguien no recordó tu cumpleaños o porque tarda en contestar un mensaje? Muchas relaciones se han roto por detalles como estos. Y es ahí cuando surgen frases como: “Yo, en su lugar, habría hecho…”, olvidando que nadie está en el lugar de nadie.

Norman Vincent Peale, creador de la teoría del pensamiento positivo, recomendaba: “No pidas a nadie que sea lo que no es. No pidas o esperes de una persona lo que esta no puede dar”. Lo que para ti es fácil, para alguien más puede ser complicado o incluso imposible.

Pero, ¿significa esto que no debemos tener expectativas? Para nada. Tener sueños y aspiraciones es clave para evolucionar y crecer en cualquier aspecto de la vida. El secreto está en soltar el apego a que las cosas sucedan de una forma específica y en un tiempo determinado. Se trata de manifestar desde un lugar de paz, confiando en que lo que es para nosotros llegará, pero sin dejar de trabajar por ello. Nada sucede por arte de magia, pero tampoco todo tiene que ser una batalla constante.

La escritora Jodi Picoult nos deja una respuesta clara: “Hay dos maneras de ser feliz: o mejoras tu realidad o bajas tus expectativas”. Sin embargo, podríamos agregar una tercera opción: mantener grandes expectativas sin que definan nuestra felicidad. Cuando dejamos de esperar y simplemente seguimos adelante con confianza, la vida empieza a sorprendernos de formas que jamás imaginamos.

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