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La gratitud es la madre de todas las virtudes. Cuando es auténtica, actúa como un transmutador de la información inconsciente, desbloqueando puertas que no sabíamos que existían.
¿Alguna vez has reflexionado sobre la idea de estar agradecida contigo misma? ¿Te has detenido a considerar estar agradecida con tu propia mente, tu corazón, todo tu ser? No desde el ego, sino simplemente desde un lugar de profunda apreciación por todo lo que tu cuerpo ha soportado y por el apoyo constante que brinda en cada paso del camino. Es perfección, nuestros cuerpos son verdaderamente resilientes.
¿Le has expresado la gratitud que merece a tu cuerpo físico, a tu propia experiencia en este mundo? ¿Estás agradecida por los dones que Dios te ha concedido?

En su libro “El juego de la Conciencia”, Baba reflexiona: “Les pregunto, mis queridos estudiantes Siddhas, ¿alguna vez han contemplado su cuerpo con un amor desinteresado? ¿Lo han amado con la pureza del Ser, a través de la meditación, los himnos y los cantos? ¿Le han expresado gratitud mediante votos de autocontrol y ofreciéndole alimentos que promuevan su longevidad?”
Es a través de las prácticas diarias que aprendemos a tratar nuestro SER con respeto y amor. Ese cuerpo físico que ha resistido nuestra obstinación, es un precioso regalo divino. Sin importar nuestra actitud hacia él, hace todo lo posible por cumplir con nosotras. Y ¿cómo podemos corresponder a este regalo? A través de prácticas como la meditación, el autocuidado, la contemplación…

El acto de agradecer profundamente por la existencia, por lo que ya es, nos conecta con una corriente de gratitud que trasciende lo material. Esta gratitud no solo nos transforma a nivel individual, sino que también fortalece nuestro vínculo con el Universo y todos los seres que lo comparten con nosotros.
Si, el auto-agradecimiento nos lleva a un estado de plenitud y aceptación, permitiéndonos experimentar la vida con un corazón abierto y una mente clara. Así que espero que cada día nos brinde la oportunidad de cultivar la gratitud genuina hacia nosotras mismas y hacia todo lo que nos rodea. Porque en la gratitud radica el verdadero poder de la evolución.