Foto de Yana Hurska en Unsplash
Nuestros pensamientos, a menudo automáticos y más allá de nuestro control inmediato, forman colectivamente nuestro diálogo interno y este diálogo refleja la relación que hemos forjado con nosotras mismas a lo largo de nuestra vida, claro que moldeada por experiencias pasadas y nuestras percepciones presentes.
Creo que parte de volvernos más conscientes de nosotras mismas y más compasivas, es fundamental lograr sintonizarnos con cómo nos dirigimos a la persona más importante, nosotras. Pregúntate cómo te hablas durante los momentos difíciles, si elogias tus logros o si ofreces compasión, ¿en las mañanas te dices cuánto te agradeces? ¿o te alientas cuando necesitas palabras inspiradoras?
Algunas de nosotras somos muy conscientes de nuestro diálogo interno; otras necesitan hacer una pausa, reflexionar y considerar esta faceta y si has reconocido que te gustaría ser un poco más amable contigo mismo, existen opciones para lograrlo que además tendrán beneficios enormes en tu presente y en tu vida física.
Muchas personas tratan de evitar hablar consigo mismas porque puede parecer amenazante. Ten en cuenta que evitar el diálogo interno debido a su posible malestar es una reacción común. Sin embargo, esa evasión tiende a exacerbar la situación. En su lugar, considera afrontar con franqueza, curiosidad y sin juicio y mejor observa los pensamientos que llegan a ti sin necesariamente creerlos o reaccionar ante ellos.
Después empieza por poner atención y nombrar a tu voz interior, especialmente la autocrítica, así puedes proporcionar distancia y disminuir su impacto. Reconócela como la “voz del dolor pasado” o “la voz del miedo”, según sus orígenes. Al hacerlo, te alejas de la narrativa, lo que facilita volver a concentrarte en el momento presente.
Una vez que lo hagas evalúa si ese diálogo interno es útil. Si surgen pensamientos negativos, considera su impacto. Por otra parte el diálogo constructivo abre posibilidades para un cambio positivo. Cultivar la compasión es crucial para responder a las palabras desagradables, ofrécete ánimo y apoyo, hablándote a ti misma con dulzura, como lo harías con tu ser más amado. Puedes utilizar frases como:
- Estás haciendo lo mejor que puedes.
- No puedes ser perfecta. No es necesario que lo seas.
- No es tu culpa, o no es toda tu culpa.
- Eres humana; A veces cometerás errores.
- Tienes permitido cometer errores; Puedes considerar lo que has aprendido y hacer las cosas de manera diferente la próxima vez.
- Tienes tus limitaciones y eso está bien.
- Puedes sentirte… (triste; enojada; decepcionada; ansiosa; feliz; esperanzada; orgullosa de ti mismo, etc.)
- Tus sentimientos son reales, importantes y comprensibles.
- Lo mejor que hagas es suficiente.
Recuerda que fortalecer nuevas creencias requiere tiempo y experiencias positivas. Empieza poco a poco, asegurándote de creer genuinamente en las amables afirmaciones que ahora haces a tí misma. Este diálogo interno constructivo, arraigado en la autocompasión, será una poderosa herramienta para tu crecimiento absoluto.

