Foto de Jose Figueroa en Unsplash
Estaba leyendo que detrás del control hay mucho miedo a lo desconocido, al fracaso, a no satisfacer las necesidades de nuestra mente, que no son más que creencias que en el fondo nos limitan a vivir nuestro máximo potencial. Que la sociedad nos inculca que venimos a trabajar y a buscar la seguridad así que en el momento que comenzamos a temerle a lo desconocido solo apagamos la curiosidad de explorar al vacío, reprimimos los deseos del alma y comenzamos a sentirnos sin propósito, esto se lo leí a @CarolPereza, un ser muy elevado que crea experiencias y contenidos que ayudan a formar puentes entre la mente y el alma.

No podría estar más de acuerdo, vivimos llenas de expectativas y presiones y aunque abrazar la incertidumbre puede parecer una tarea titánica es aquí en donde existe la oportunidad infinita para que todo pase. Yo ya no quiero aferrarme a la idea y a la ilusión del control, lo cual paradójicamente solo nos lleva al sufrimiento. ¿Qué tal si en lugar de eso, nos rendimos ante la idea de que no somos nosotros quienes controlamos todo?
Mejor imaginemos que somos canales a través de los cuales la conciencia divina universal se manifiesta para mantener un equilibrio cósmico. En ese caso, nuestro trabajo espiritual se convierte en vaciarnos cada vez más para ser canales más limpios para que se manifieste el Universo a través de nosotros. Esta perspectiva nos libera del peso y nos permite fluir con la corriente de la vida.

Entonces, ¿qué podemos hacer para abrazar la incertidumbre y liberar nuestra verdadera voz interior? Necesitamos darnos espacios para estar en la incertidumbre, para vaciarnos y escuchar la voz de la consciencia universal. No necesitamos más distracciones ni más información; necesitamos tiempo para simplemente ser y estar presentes en el momento. En ese vacío, en esa quietud, encontraremos la verdadera guía que nos llevará a conectar con nuestro ser interior.
Así que hoy, tómate un momento para respirar profundamente, soltar el control y abrirte a la incertidumbre. En ese espacio de vulnerabilidad y rendición donde encontrarás la verdadera paz interior que has estado buscando.