Foto de Osama Madlom en Unsplash
Durante años nos hicieron creer que el éxito consistía en descubrir “eso” para lo que habíamos nacido. Esa gran pasión. Ese propósito único. Esa respuesta perfecta a la pregunta: ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y aunque para algunas personas ese camino existe y es claro desde muy temprano, para muchas otras la realidad es diferente.
Hay quienes encuentran felicidad construyendo una carrera durante décadas en una misma dirección. Pero también existen personas que sienten curiosidad por muchas cosas, que cambian, evolucionan, exploran y descubren nuevas versiones de sí mismas una y otra vez. Y eso también está bien.
Creo que una de las mayores presiones de nuestra generación es sentir que debemos definirnos en una sola palabra. Diseñadora. Emprendedora. Mamá. Ejecutiva. Creativa. Como si nuestra identidad tuviera que caber en una sola categoría para ser válida. La vida rara vez funciona así.
A veces nuestro propósito no es una profesión. No es una empresa. No es una meta específica. A veces nuestro propósito es aprender. Crear. Compartir. Cuidar. Inspirar. Evolucionar. Y esas formas pueden manifestarse de maneras distintas en cada etapa de nuestra vida.

Pienso mucho en cómo la moda nos enseña algo parecido. Nuestro estilo personal cambia con nosotros. Lo que amábamos a los veinte no necesariamente nos representa a los cuarenta. Y no significa que antes estuviéramos equivocadas. Significa que crecimos. Lo mismo sucede con nuestros sueños.
Hay una idea muy arraigada de que cambiar de dirección es fracasar. Pero muchas veces cambiar de dirección es simplemente escuchar quién eres hoy en lugar de aferrarte a quien eras hace diez años. Quizá el verdadero propósito no sea encontrar una sola respuesta para toda la vida. Quizá sea atrevernos a seguir nuestra curiosidad cada vez que aparece.

Permitirnos descubrir nuevos intereses sin culpa. Aprender algo distinto sin sentir que estamos empezando desde cero. Entender que nada de lo que vivimos se desperdicia porque cada experiencia se convierte en una pieza más de quienes somos.
Las personas no somos líneas rectas. Somos capítulos. Somos versiones. Somos una colección de experiencias que se conectan de formas inesperadas. Y tal vez la pregunta correcta no sea cuál es tu único propósito. Tal vez la pregunta sea: ¿qué te está llamando en este momento de tu vida? Porque a veces una vida plena no se construye alrededor de una sola pasión. Se construye teniendo el valor de seguir varias.
Inspirado en: Why Some of Us Don’t Have One True Calling | Emilie Wapnick | TED en Youtube.