¿Qué relación tienes con tu cuerpo y la ropa que usas?

Foto de Mathilde Langevin en Unsplash

Qué tristeza es darse cuenta de que odiar el cuerpo que tenemos se ha vuelto tan común. Las mujeres estamos tan acostumbradas a mirarnos en el espejo y criticar hasta el más mínimo detalle: demasiado caderona, demasiado plana, demasiado chaparra, demasiado cachetona, demasiado flaca, demasiado todo. Es un ciclo sin fin donde quien es delgada quisiera más curvas y quien es curvy desearía menos; quien es alta quiere ser más bajita y quien es bajita anhela altura; quien tiene el pelo rizado lo quiere lacio y quien lo tiene lacio lo quiere rizado.

No me mal entiendas, estoy completamente a favor de usar lo que tenemos a nuestra disposición para cambiar nuestro look cuando queramos (¡por eso existen las planchas de pelo, la ropa que acentúa distintas áreas del cuerpo, los tacones!). Pero lo maravilloso de eso es que solo son accesorios que puedes quitarte al final del día, y sigues siendo tú. Lo increíble es ser tú misma en todas tus versiones posibles, no querer ser alguien más.

Pues, ¿en qué momento se volvió normal despreciar algo tan poderoso y hermoso como nuestro cuerpo? Piensa en esto: Si te subes a tu coche, no vas pensando que lo odias, que quisieras que fuera totalmente diferente, que no toleras cómo se ve… No vas por la vida criticándolo porque, simplemente, estás acostumbrada a que es un coche perfectamente funcional que te lleva y te trae a donde quieras y necesites.

Entonces, si el cuerpo es nuestro vehículo de la vida, ¿por qué le ponemos tanta carga negativa? Si, al manejar tu coche, estuvieras tan ocupada criticándolo como a tu cuerpo, estarías completamente distraída del camino y te perderías de la belleza del viaje, de la buena compañía con la que vas, de la canción que tanto amas… podrías hasta chocar.

Si concentras energía tan negativa y la diriges a tu cuerpo diariamente, no solo te pierdes de todo lo hermoso que te brinda, sino que hasta puedes enfermarlo. No olvides que el cuerpo es la vasija de la mente y el alma; aunque es sumamente poderoso y resistente, tampoco es invencible.

Desde pequeñas, se nos ha hecho costumbre destrozarnos, compararnos con quien tenemos al lado y no solo despreciar, sino ODIAR partes de nuestro cuerpo. También, es una locura que consideremos totalmente fuera de lugar que alguien critique el cuerpo de otra persona, pero tenemos completamente normalizado criticarnos a nosotras mismas cada mañana.

Así que es hora de reestructurar la manera en que ves tu cuerpo en el espejo, no es tarea fácil, pero tampoco es imposible. No se trata de cambiar la imagen que estás viendo, sino de cambiar los ojos con los que la ves; esa imagen no está dañada, no necesita reparación. Este cambio de mentalidad debe comenzar por ver al cuerpo como lo que es: una mágica, hermosa e irreal máquina que te permite vivir la vida, moverte, experimentar, crecer y disfrutar; una máquina que protege tu mente y alma de todo lo que está allá afuera cada segundo de la vida; una máquina que es lo más parecido a la perfección posible y es completamente única e irrepetible.

Cuando hayas dejado de tener la vista nublada por constructos sociales ilógicos sobre tu cuerpo y comiences a verlo por lo que en realidad es, puedes pasar al siguiente paso, que implica saber y querer acentuar lo que tienes. Hay tantas mujeres que han entendido el valor de su cuerpo y hacen que todo se les vea espectacular porque están conscientes de lo que son y no les da miedo, al contrario.

Se trata de festejar quien eres por dentro y por fuera para aportar a que la estética del mundo cambie; se trata de soltar la idea de tener lo que no tienes y enamorarte de lo que sí. Tu versión más hermosa y perfecta no es la que se parece a gente en revistas, sino la que sabe lo que es, ama lo que es y demuestra al mundo lo que es sin permisos ni censuras.

Ya es hora de que tu cuerpo sea tu aliado en el camino a convertirte en quien quieres ser, en vez de seguir pensando que es tu enemigo. Por favor, deja de ocultarte… tu presencia ha hecho falta en el mundo.

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