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Todos los años tenemos propósitos nuevos, pero algunos meses después generalmente abandonamos cualquier esfuerzo por cambiar, ya sea porque parecen imposibles de lograr o simplemente nos hemos olvidado de ellos. Mejorar tu vida no es tan simple como comer algunas uvas o mirar un cielo iluminado por fuegos artificiales. Claro, la intención está ahí, pero también debes dar seguimiento a tus promesas con planificación y acciones sólidas. Por eso aquí te dejo una guía con pasos poderosos para hacer de tus deseos una realidad tangible, para que nunca más pases otro año arrepintiéndote de todas las cosas que pudiste o debiste haber hecho.
Comencemos imaginando dónde quieres estar dentro de 12 meses. ¿Que ves? Algunos de los deseos más comunes son estar libre de deudas, estar en buena forma física, tener una vida familiar feliz, una buena relación, dominar un pasatiempo y sentirse bien espiritualmente. La buena noticia es que puedes tener todo esto. Empezar midiendo tu progreso en diez áreas de tu vida te permitirá ver qué necesitas mejorar.
Estos aspectos interrelacionados son la salud mental, la salud física, la espiritualidad, la vida intelectual, el matrimonio o la pareja, la vida de los padres, las amistades, el trabajo, los pasatiempos y las finanzas personales. Estos componentes son clave para vivir una vida plena, por lo que es importante trabajar constantemente para mejorarlos. Clasifícate en cada uno de los aspectos mencionados anteriormente y esto te dará una indicación clara de dónde debes centrar tus esfuerzos, además estos están conectados entre sí e influenciados entre sí y, por lo tanto, las mejoras en un área muy probablemente darán como resultado el crecimiento en otras también.
Después dile adiós a los bloqueos mentales, pues estos pueden interponerse en tu camino, y es hora de aprender a superarlos. La mayoría de nosotros cargamos con una gran cantidad de equipaje que determinan lo que es posible y lo que no podemos lograr. Por ejemplo, las suposiciones falsas, sobre el mundo y sobre nosotras mismas. Más seguido de lo que nos damos cuenta son erróneas y crean una barrera para nuestro progreso. Desde “No eres del tipo creativo”, “Eres fea”, “No eres lo suficientemente buena” o “Nadie comprará tu producto”. Casi siempre son autoinfligidos y objetivamente falsos en la mayoría de los casos. Al revisar los límites percibidos, no sólo puedes mejorarte a ti, sino que incluso puedes cambiar tu entorno.
Todas hemos tenido malas experiencia en el pasado pero en lugar de dejar que afecten nuestra confianza en circunstancias futuras usémoslas a nuestro favor para aprender y crecer. Está comprobado que a medida que las personas envejecen y entre más fracasos y reveses experimentan, son menos optimistas acerca de que sus deseos se hagan realidad. Pero esta es una suposición falsa y no debes permitir que esto afecte tus acciones en el futuro.
Ahora lo siguiente es establecer metas desafiantes, pero mantenerlas realistas. Algunos objetivos que nos fijamos son demasiado ambiciosos para iniciar pero por otro lado, a veces pueden ser tan fáciles que perdemos la motivación para intentar alcanzarlos porque se requiere muy poco esfuerzo. La clave para garantizar altos niveles de entusiasmo es esforzarse por alcanzar una meta que esté dentro de tus capacidades, pero que también requiera una cantidad razonable de esfuerzo.
Para fijar los objetivos correctos, es necesario encontrar la zona de incomodidad. Ejemplo, digamos que estás planeando escribir un libro. Ganar el Premio Nobel de Literatura es un objetivo deseable, pero también bastante ambicioso para una escritora primeriza. Además, un objetivo tan ambicioso podría impedirte empezar por completo. Por el contrario, si pones tus objetivos demasiado bajos y te permites terminar tu primer borrador en 6 meses, terminarás tardando demasiado y probablemente nunca llegues a terminarlo. En su lugar, busca un punto medio. Tómate tres meses para terminar el primer borrador y luego otros tres para completar el segundo.
Para no perder la motivación la clave es trabajar hasta volverte adicta a las tareas “pequeñas y frecuentes” y así lograr más. Cuando divides tareas gigantescas en objetivos a corto plazo, las recompensas pueden ser muy satisfactorias. Una vez que estás aquí no olvides identificar y recordar por qué estás haciendo algo para mantener una actitud positiva y con ello formar un vínculo emocional con el objetivo o propósito. En otras palabras, necesitas entender por qué esa tarea te convierte en una mejor persona o en la mejor versión de ti, lo más significativo es que resuene contigo, deja que tus razones te definan como ser humano.
Por último, para vivir el mejor año de tu vida, necesitas contar con buenos aliados. Esto significa encontrar personas que puedan apoyar tus objetivos, ya sea aquellos que tengan los medios para verlos realidad o aquellos en un camino similar que puedan ofrecerte aliento y consejo. Las personas son una fuente de conocimiento y experiencia. Según el psicólogo Henry Cloud, esto se debe a que la positividad es contagiosa. Tenemos más probabilidades de tener éxito cuando formamos parte de una comunidad debido a cuatro razones clave: en primer lugar, podemos aprender de otros; en segundo lugar, la competencia dentro del grupo ayuda a nuestro desempeño; tercero, somos responsables ante la comunidad; y cuarto, nos motivamos y animamos unos a otros.
Crear tu mejor año requiere un esfuerzo individual y adoptar un enfoque holístico para mejorar y distribuir tu trabajo. Las metas que te propongas deben ser realistas y estar claramente identificadas para que tengas la motivación para realizarlas. No olvides expresar gratitud todos los días, será la cereza en el pastel, al Universo, a Dios, a ti misma o a cualquier persona, por todo lo que ya tienes. Da las gracias por estar saludable, por tener personas que se preocupan por ti, por tener una casa, una cama… Ser agradecida te ayudará a mantenerte esperanzada y te recordará las pequeñas victorias que ya has logrado.
Basado en “Your Best Year Ever” de Michael Hyatt en Blinkist.



