Todo de ti es bienvenido

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Hay una pregunta que me hago cada vez que alguien llega a mí sintiéndose roto: ¿qué parte de ti estás intentando dejar afuera? Porque casi siempre, la parte que más queremos esconder es exactamente la que necesita ser vista.

Vivimos en una cultura que celebra las versiones pulidas. El logro, la superación, la sonrisa. Nos enseñaron, desde pequeñas, que ciertas emociones “no se ven bien”, que la vergüenza se guarda, que el dolor se aguanta, que la culpa se oculta. Y así, poco a poco, aprendimos a presentar versiones incompletas de nosotras mismas al mundo, y peor aún, a nosotras mismas.

Pero hay algo que he visto una y otra vez en este camino: las personas que más paz cargan no son las que tienen menos sombras. Son las que han aprendido a hacerle espacio a todo lo que son.

La vergüenza por ejemplo, dice: “Hay algo fundamentalmente malo en mí.” Es la emoción más aislante que existe porque convence a quien la siente de que si los demás supieran, se irían. Pero la vergüenza no es un diagnóstico, es una señal de que algo importa, de que eres humano, de que tienes conciencia. Bienvenida, vergüenza. Aquí puedes estar sin gobernar.

Muchos de nosotros cargamos culpa durante años por decisiones que tomamos con la información, la madurez y las herramientas que teníamos en ese momento. La culpa sana señala: “Quiero hacer las cosas diferente.” La culpa tóxica repite: “No mereces perdonarte.” Aprender a distinguirlas es parte del viaje. Y ambas versiones, la que aprendió y la que aún aprende, son bienvenidas aquí.

No tienes que resolver tu dolor para merecer ser amada. El dolor también es parte de ti, y eso te hace completa, no defectuosa.

Foto de Nur demirbaş en Unsplash

Porque hemos confundido vulnerabilidad con fragilidad por demasiado tiempo. Sentir duele. Perder duele. Decepcionar y ser decepcionada duele. Y todo ese dolor, si lo dejamos pasar por nosotros en lugar de guardarlo bajo llave, nos enseña algo que ningún libro puede: la profundidad de nuestra capacidad de amar y de sanar.

A veces olvidamos que también hay que darle la bienvenida a las partes luminosas. A la alegría que nos da miedo sentir completamente por si se va. A la valentía que muchas veces no reconocemos como tal porque desde adentro se siente como “no tuve opción”. Sí tuviste opción. Y elegiste seguir. Eso es valentía.

Todo de ti, la luz y la sombra, el orgullo y la vergüenza, el dolor y la alegría, construye el mapa de quién eres. No hay partes que sobren. No hay capítulos que cancelar. Cada uno de ellos son parte de tu viaje.

Hoy te invito a hacer un pequeño ejercicio: piensa en la parte de ti que más has querido esconder últimamente. Y en lugar de alejarla, dile simplemente: “También eres bienvenida aquí.” No tienes que resolverla hoy. Solo recibirla.

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