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Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que no eres producto del azar. Que no eres solo la consecuencia de tu infancia, ni de lo que te pasó, ni de lo que no recibiste. Eres lo que decidiste hacer con todo eso.
Porque al final del día, somos elecciones. Cada día, cada reacción, cada camino que tomamos, cada silencio que guardamos o palabra que soltamos. Somos lo que elegimos sostener… y también lo que decidimos soltar.
Yo elegí ser fuerte. Elegí perdonar. Elegí tener paz en lugar de tener la razón. Elegí empezar de nuevo cuando nadie entendía por qué. Elegí seguir amando cuando me rompieron. Y también elegí poner límites cuando aprendí que eso también era amor.

Lo que no soy también es parte de mi elección.
No soy rencor. No soy víctima. No soy todo lo que intentaron imponerme.
No soy las voces que me dijeron “tú no puedes”.
No soy la que se quedó callada para encajar.
No soy la que se traiciona para agradar.
Hoy entiendo que incluso lo que no fui… también lo decidí.
Por instinto, por protección, por dignidad.
Y eso también merece respeto.

Ser quien eres no siempre es fácil. Requiere coraje. Requiere conciencia. Pero sobre todo, requiere una profunda conexión contigo. Con la verdad que solo tú puedes nombrar.
Así que si un día dudas de ti, vuelve a esto: Todo lo que eres y lo que no eres… lo elegiste tú. Y si aún estás a medio camino, recuerda que siempre puedes volver a elegir.