El poder de ser amable contigo misma

Foto de Mario Scheibl en Unsplash

¿Cuánto escuchamos sobre la importancia de ser amables y compasivos con los demás? Es una regla de vida ofrecer un hombro sobre el que llorar y apoyar a nuestros amigos y seres queridos en las buenas y en las malas. Pero ¿qué tal si extendemos esta misma compasión a nosotras mismas? En su libro, “Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself”, Kristin Neff explora el concepto transformador de la autocompasión y cómo el ofrecer la misma bondad que damos tan fácilmente a los demás a nosotras nos puede llevar a un cambio increíble de perspectiva.

No es ningún secreto que muchas de nosotras somos nuestras críticas más duras, todo el tiempo nos fijamos estándares increíblemente altos, nos recriminamos por nuestros errores y nos involucramos en una autocrítica implacable. Esta crítica se remonta a nuestra educación, en donde el miedo constante a la desaprobación nos llevó a internalizar esto convirtiéndolo en una voz interior omnipresente que continúa hasta ahora.

Además, nuestra sociedad particularmente en Occidente, fomenta una cultura competitiva e individualista donde el éxito se mide superando a otros y cumpliendo ciertos estándares. Nos bombardean con mensajes de que ser “especial” significa estar por encima del promedio, lo que crea un impulso implacable por superarnos y compararnos continuamente. Esta presión social para sobresalir y ajustarnos a ciertos ideales exacerba aún más esta autocrítica.

Y si bien la autocrítica puede proporcionar cierta motivación, tiene un costo significativo, pues el miedo a esta puede provocar ansiedad e incluso autosabotaje. Las consecuencias a largo plazo son de gran alcance y van desde la depresión y ansiedad hasta la inseguridad e insatisfacción general con la vida, disminuyendo también nuestra autoeficacia y confianza.

Por otra parte la autocompasión ofrece una alternativa más amable, saludable y eficaz. Imaginate responder a tus propios fracasos y sufrimiento como lo harías con tu amigo más querido cuando tiene un problema. Esto es autocompasión en acción y puede cambiar las reglas del juego en la forma en que nos tratamos a nosotras mismas.

La autocompasión comienza con reconocer nuestro sufrimiento y practicar la atención plena. Implica sintonizarnos con nuestras emociones y llevarlas a la conciencia. Una vez que hemos hecho esto podemos responder con amabilidad y cuidado. La amabilidad hacia nosotras implica superar la creencia de que debemos ser insensibles ante nuestro dolor. Al darnos un abrazo metafórico o palabras reconfortantes, activamos una poderosa herramienta para calmarnos. Estos actos desencadenan la liberación de oxitocina, que promueve sensaciones de calma y relajación, creando un espacio psicológico entre nosotras y nuestro sufrimiento. Todo esto lo podemos lograr a través de la atención plena, que evita que quedemos completamente absortas por nuestras emociones negativas y así poder recuperar la perspectiva.

Reconocer nuestra humanidad compartida es otro aspecto clave de esta autocompasión. Comprender que no estamos solas en nuestro sufrimiento nos ayuda a sentirnos menos aisladas. Este reconocimiento también combate el perfeccionismo que impulsa la autocrítica, ya que llegamos a aceptar que cometer errores y experimentar reveses es parte inherente del ser humano.

La transición de la autocrítica a la autocompasión es un proceso gradual. Comienza reconociendo sin juzgar e identificando las emociones y necesidades subyacentes. Luego, podrás responderte a sí misma con la misma amabilidad y apoyo que le ofrecerías a un amigo, empoderándote para abordar los desafíos de manera constructiva.

Recuerda, al abrazar la autocompasión, podemos liberarnos de las cadenas de la autocrítica, nutrir nuestro bienestar y llevar una vida más amorosa y abundante. Ojo, la autocompasión no es autocomplacencia; es una forma práctica y razonable de relacionarnos con nosotras mismas como seres humanos imperfectos que somos pero intrínsecamente valiosos.

Share this post